Represión
Iban a participar en el Foro Global de Investigación en Salud 2009.
Redacción CE | 12/11/2009
Los periodistas extranjeros que iban a participar en el Foro Global de Investigación en Salud 2009, en La Habana, se quedaron con las maletas hechas y sin poder viajar, luego de que el gobierno de Raúl Castro no les otorgara las visas correspondientes, informó la Voz de América (VOA).
La organización internacional de periodistas Media 21, con sede en Suiza, había seleccionado a 15 periodistas de Guatemala, Brasil, Colombia, Argentina, España, Uganda, Francia, España, Reino Unido, Estados Unidos, Haití y Uruguay.
Además de escuchar a los panelistas, el seminario preveía visitar distintos centros de salud de La Habana y hacer entrevistas con responsables del sistema sanitario de la Isla.
Sin embargo, todo se vino abajo cuando las embajadas de Cuba comenzaron a negar las visas de periodistas y, en algunos casos, se ofrecían permisos de turista, que no autorizan el trabajo profesional.
“La organización Media 21 informó a los periodistas que las autoridades cubanas directamente habían informado que no se otorgaban las visas como periodistas”, dijo la uruguaya Patricia Madrid, quien iba a participar en el evento y a la que también le negaron la visa.
Madrid dijo que evidentemente hay una lista negra de periodistas y que "los motivos de eso" no lo saben los comunicadores.
El diario uruguayo El Observador informó que ahora la organización Media 21 está haciendo gestiones para conocer las razones por las cuales fueron negados los permisos de viaje.
Por su parte, el cónsul de Cuba en Montevideo, Gustavo Aguinaga, explicó a la Voz de América que es La Habana quien autoriza ese tipo de visas para periodistas, y no las embajadas.
La consejera de prensa de la representación diplomática, María Balaguer, dijo a la VOA que, en el caso de la periodista de Uruguay, se le entregó una visa de turista porque el evento de Media 21 se había suspendido y, por tanto, no correspondía entregar otro tipo de permiso.
Tras estos hechos, los organizadores del foro sobre salud decidieron suspender el evento programado para La Habana, porque tampoco había garantías de que no fueran deportados los periodistas que consiguieron visas de turista.
© cubaencuentro.com
En el centro penitenciario de máxima severidad de Guanajay, en la provincia Habana, fueron tapiadas recientemente tres celdas en el Destacamento 8 del área de castigo, por orden del mayor Rodolfo Valdés Cruz, jefe de la prisión, comunicó vía telefónica Héctor Raúl Valle Hernández, prisionero político.
Las nuevas celdas carecen de luz y de agua potable y los reclusos que son enviados a estas permanecen en ellas por tiempo indefinido.
"Los métodos más crueles e inhumanos son los que usan en Cuba para lo que ellos llaman reeducar; el hombre en las cárceles castristas es reducido a la máxima expresión de exterminio", refirió la fuente.
Héctor Raúl Valle Hernández, preso político y prisionero de conciencia de 39 años de edad, es uno de los 75 opositores sancionados en el 2003 durante la Primavera Negra de Cuba. Reside en el poblado de San José, provincia Habana y extingue una sanción de 12 años de privación de libertad.
http://www.miscelaneasdecuba.net
Ayer exacto al hoy
Todo comenzó el 31 de agosto. Llevábamos 5 años en celdas de castigo, semidesnudos, sin ver la luz del sol, sin asistencia médica, sin correspondencia. Como único alimento nos daban un poco de harina de maíz sancochada en el almuerzo y un plato de macarrones blancos en la comida. Todo ese tiempo lo habíamos pasado en ropa interior, casi desnudos, en protesta por el mal trato que nos daban.
Nuestra situación no podía ser peor. De pronto oímos a un hermano nuestro gritando desesperado para que lo llevaran a la enfermería pues tenía un dolor de muela terrible y la boca podrida, llena de humor. Pero los guardias, lejos de brindarle asistencia médica se burlaban del preso insultándolo y gritándole que se pudriera.
Entonces el recluso comenzó a golpear la plancha de hierro que servía la puerta para que vinieran a curarlo. Al ver que no venía nadie los demás presos comenzamos a gritar también pidiendo hablar con el oficial de turno. Al fin, al cabo de 2 horas se apareció el Jefe de Orden Interior, conocido por Omar, pero solo para decirle que no lo sacarían al dentista hasta por la mañana.
Pasó el resto de la noche y a las 9 de la mañana vinieron los guardias pero, en vez de llevarse al recluso al médico, abrieron las puertas de nuestras celdas y nos dijeron que saliéramos que nos iban a dar 2 horas de patio. Aquello nos sorprendió y, conociendo sus métodos, pensamos que aquello era una trampa por lo que salimos, era obligado, pero entonces nos sentamos en el suelo esperando a ver lo que sucedía.
No pasaron 20 minutos cuando nos mandaron a entrar. Entramos pero no sin insistir con los guardias que sacaran el recluso al dentista. Entonces, en forma chantajista y prepotente, el Jefe de Orden Interior dijo que si el preso quería asistencia médica tenía que vestirse. Este le contestó que en el hospital se podía estar en pijama por lo que si le traían uno se resolvía el asunto. El oficial le dijo que no, y viró la espalda. El preso volvió a golpear la puerta pidiendo ayuda y el resto de los presos comenzamos también a gritar y a hacer bulla para que lo atendieran.
No pasaron 5 minutos cuando un batallón de esbirros entró al edificio provistos de palos, cabillas y armas de fuego disparando y dando golpes a diestra y siniestra. Aquello fue una verdadera masacre.
Más de 37 reclusos heridos de balas mientras que uno murió. Se llamaba Gerardo González a quien le decíamos “Hermano de la Fe” por sus creencias religiosas y su amor al prójimo. Tan profundas eran sus convicciones religiosas que mientras le disparaban gritaba: “Perdonalos, Dios mío, que no saben lo que hacen”. Hubo también dos heridos de gravedad: Enrique Díaz Correa y Evelio Hernández.
Pero la situación no quedó ahí. Nos trasladaron para el edificio donde estaban los delincuentes comunes sin tratar las heridas que nos habían ocasionado, pues para ello, seguían diciendo, teníamos que vestirnos. Yo mismo tenía una herida de bala en una pierna cuyo orificio de salida se había infectado produciéndome un dolor terrible.
Pero contrario a lo que esperaban, los comunes, lejos de hacernos la vida imposible como pensaban los carceleros, nos respetaron, nos admiraron y, lo peor para las autoridades del penal, nos proporcionaron de sus alimentos, de sus ropas y hasta nos curaron las heridas como pudieron.
Pero ahí tampoco duramos mucho. Al entrar los carceleros en el pabellón y ver lo bien que nos trataban los comunes, nos sacaron nuevamente de ese lugar y nos devolvieron para las celdas tapiadas donde estábamos anteriormente.
En esa situación infrahumana nos tuvieron 7 años y 7 meses. Esto es un gran mentís a la propaganda de los Castro de que en Cuba no se tortura a los presos.
Carlos M. Calvo, 15 años en las cárceles políticas cubanas.
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Nota de Misceláneas de Cuba: El testimonio anterior fue enviado a nuestra redacción por Luis Abreu (pinche aqui si desea comunicarse con quién a enviado esta denuncia-testimonio).

